Si el ladrón roba a un pobre o a un trabajador de pocos o medianos recursos, deberá ser condenado a cien años más, si se trata de dinero solamente que tarde o temprano podrá ser recuperado. Pero si se trata del robo de un bien moral, ¿cómo deberá ser castigado?
La presunta universidad que se llamó San Martín, robó billones que tiene depositados en varios paraísos fiscales. Robó a padres de familia y estudiantes que seguramente pagaron las matrículas con grandes sacrificios y créditos asfixiantes.
Pero el monto del dinero no es lo más aberrante: robó años de vida y frustró las ilusiones de muchos jóvenes.
Estos ladrones merecen el máximo castigo, porque nadie podrá indemnizar a estos estudiantes por la pérdida de varios años de su juventud y la frustración de sus carreras profesionales.